domingo, 27 de julio de 2014

SAN MARTIN Político y militar



Cuando el General Miller se reencontró con San Martín en Europa, este le proporcionó datos para sus Memorias y a la vez, rompió su decisión de no dejarse retratar más. La nueva pintura la realizó Jean Baptiste Madou y no dejó satisfecho  a San Martín. Él prefirió siempre la fidelidad de la pintura que le hizo Francois Joseph Navez en los primeros años de su ostracismo en Bélgica. A él pertenece este retrato. Extraído de "San Martín. La fuerza de la misión y la soledad de la gloria" de PATRICIA PASQUALI  Editorial PLANETA Buenos Aires 1999. 

No es sencillo hablar sobre San Martín porque sobre él se han escrito ríos de tinta y abarcando probablemente todos los aspectos de su vida. Por otra parte la historia no es ni ingenua ni aséptica al contrario, forma parte de la política  (dicho de otra manera, esta última es la historia del presente) y por lo tanto cuando hablamos de historia o de recuperar la identidad,  todos, historiadores o aficionados, alumnos o profesores introducimos pensamientos que tienen que ver con nuestro enfoque de la realidad y quien no lo admita se engaña a sí mismo o a los demás, lo cual es mucho peor.
No por casualidad pretendo enfocar dos aspectos centrales de su personalidad: su política e ideología y la soledad a la que se lo condenó por mucho tiempo debido precisamente a la primera. Hay muchas maneras de aislar y olvidar a una persona. Una de ellas es mistificarla, la otra deformar u ocultar parcialmente sus ideas con lo que accedemos a esas verdades a medias que tanto mal nos hizo y nos hacen.
El hecho asombroso para muchos es que San Martín, el Libertador de tres países de la América de Sur, solo vivió en estas tierras 14 o 15 años de su no corta vida, murió a los 72. Siendo un niño, hijo de un honrado funcionario español de mediana actuación, emigró a España (cumplió 5 años en el barco), adonde ingresó a los 11 años, el 15 de julio de 1789, como cadete del Regimiento de Murcia. Por lo tanto su formación fue española y militar. Dato curioso fue que los colores de este regimiento eran el blanco y el azul, luego cambiado este último, por el celeste...
España había iniciado un proceso de decadencia difícil de controlar. Carlos IV inició su reinado en 1788 y debió pilotear sin tener las condiciones para ello, el proceso que generó uno de los mayores cambios en la historia “universal” de occidente, la Revolución Francesa.
Europa “sufriría” o quizás sea más correcto decir, “viviría”, tiempos de profundos cambios políticos, económicos, sociales, ideológicos. La incapacidad para  gobernar del nuevo Borbón, que también se manifestaba en la intimidad del “hogar”,  hizo que con errores y aciertos las riendas del reino quedaran en manos del “servicial”, Manuel de Godoy, guardia real y conocido amante de la accesible reina. La ausencia de políticas de estado, claras y efectivas, de modernización y desarrollo van a estar ausentes del reinado de este timorato sucesor de Carlos III. Pero el gobierno era la expresión de una corte banal y displicente que representaba, sobretodo a una España que se resistía a morir y a perder anacrónicos privilegios que la Historia estaba derrumbando. 
El novel cadete del Murcia  va a vivir, así,  una época de revoluciones  que modificarán el mundo occidental. Las nuevas ideas se esparcían por toda Europa. La Revolución Francesa de la mano de una burguesía en ascenso, trastocaba mentalidades y sobretodo hacía crujir el andamiaje de las viejas monarquías absolutistas. Por su parte Inglaterra ya había iniciado su Revolución Industrial, que la transformaría en “el taller del mundo” cambiando la economía occidental.
Floridablanca , a cargo del gobierno desde la época de Carlos III, imbuido de las ideas del despotismo ilustrado, inicia una fuerte persecución de las nuevas ideas, pero la ola era demasiado grande para ser detenida por las bayonetas. El liberalismo se difundía a pesar de las persecuciones y los militares no eran ajenos al resto de la sociedad necesitada de cambio. Las logias masónicas ya estaban dentro del ejército y de otras corporaciones.
La muerte de Luis XVI a manos de los revolucionarios franceses el 21 de enero de 1793,  lanzará a España a una guerra por solidaridad absolutista y monárquica contra su vecino. Ya se sabe, la guerra es la expresión de la política y Francia con sus nuevos y brillantes generales y sus ejércitos del “pueblo en armas” lograba enfrentar a toda la Europa coaligada con éxito.
En 1796, España firma el 1er. Tratado de San Ildefonso. Una alianza ofensiva defensiva  con el Directorio francés, lo que implicaba la guerra contra  Gran Bretaña, que se inicia en octubre. Esta errátil política exterior era el indicio más claro del ocaso ibérico.
El ascenso de Bonaparte era irrefrenable. En 1799 obtiene la designación de Primer Cónsul por 10 años, en 1802 se transforma en cónsul vitalicio y en 1804 en Emperador de los franceses con gran apoyo popular. Seguramente el hecho generó en los militares españoles grandes contradicciones. Por un lado admiraban profesionalmente al brillante corso y también veían con simpatía, algunos de ellos, el liberalismo político, el Código Civil de Napoleón, que en las mochilas de los ejércitos galos se desparramaba por la Vieja Europa. Por el otro, tenían la certeza del potencial peligro que la vecindad francesa representaba para su débil patria. Nada impediría cuando llegara el momento, la resistencia al poder del Emperador cuando este finalmente, resuelva  la invasión  a la península. La vacilante política era para los buenos militares del reino una constante frustración y sensación de derrota nacional. 
El Tratado de Fontainebleau en 1807 por el cual Francia y España se repartían Portugal a futuro,  legaliza la penetración de los ejércitos franceses en el territorio peninsular con la excusa de invadir el rebelde territorio lusitano. Esto sirvió como detonante de la rebelión hispánica. El 17de marzo de 1808, Fernando (por conveniencia propia no por convicción) en Aranjuez intenta un golpe contra su padre que terminará fracasando por su misma cobardía.  En efecto Carlos abdica en un primer momento en Fernando, pero este servil, busca el reconocimiento de Napoleón, que los manda a llamar a Bayona. Allí en un acto bien denominado “Farsa”, va a  obligar al nuevo rey a devolver la corona a su padre y a la vez, a Carlos a abdicar y ceder todos sus derechos (España e Indias) al emperador de Francia. En el ínterin, la rebelión contra los que el pueblo español acertadamente consideraba invasores, estalla el 2 de Mayo en Madrid. La lucha fue heroica pero el mariscal Murat con fuerzas muy superiores reprimió y aplastó momentáneamente la revuelta.  
 El 4 de junio de 1808 José I Bonaparte, es proclamado rey con el apoyo de las legiones francesas. Comenzaba una guerra de independencia nacional por todos los medios y en la que hubo no pocas muestras de heroísmo. El pueblo inicia el movimiento “juntista” mediante el cual este reasume la soberanía al estar el rey Fernando, apodado a partir de ahora “el deseado”, impedido de gobernar, por su prisión.
Detrás del movimiento juntista predominaban las nuevas ideas del siglo que deseaban transformar la vieja España caballeresca. Sin embargo, los liberales españoles, no tuvieron la fuerza para hacer la guerra y la revolución al mismo tiempo. Sus actitudes vacilantes impedirán por ejemplo otorgar hacia 1810 la igualdad a los americanos sublevados y en las Cortes liberales de 1812 ni siquiera aceptaron una participación igualitaria de los diputados indianos. El absolutismo nunca perdió el poder totalmente porque sabía que Fernando VII esperaba con malicia su turno para aplastar estos intentos modernizadores.
En este contexto, San Martín como tantos otros militares españoles debido a las necesidades de la guerra, traban contacto con los oficiales ingleses que habiendo hecho “cabeza de playa” en Portugal enfrentaban a Bonaparte.
Aclaremos que el enfrentamiento anglo - francés no tenía bases ideológicas, sino económicas: disputaban el mercado mundial para los productos industriales. Los  británicos  no tenían en su país una monarquía absoluta sino parlamentaria, es decir eran ideológicamente liberales moderados, monárquicos y en esto coincidían más  con los franceses que con las otras potencias absolutistas, pero lo que predominaba eran los intereses económicos permanentes y la necesidad de impedir que cualquier potencia continental hegemonizara el continente. Recordemos también que tanto España como Francia habían cometido la “picardía” de apoyar a los rebeldes norteamericanos que lograron declarar la independencia de las colonias inglesas... una “factura” que tarde o temprano se encargarían de pasar los británicos.
La descomposición de la monarquía española la sufrían sobremanera los militares. En 1793 guerra contra Francia, en 1796 alianza y guerra contra Gran Bretaña, en 1805 derrota de Trafalgar y perdida del control de los mares a manos de los ingleses, 1807 firma de un tratado con Napoleón denigrante que permite la entrada al territorio hispano de los ejércitos franceses, 1808 farsa de Bayona y coronación de José I Bonaparte como nuevo rey.
No es de extrañar entonces que los oficiales liberales entre los que se encontraba San Martín se identificaran con ideas que hubieran permitido una transformación nacional. En el caso de los americanos las ansias revolucionarias se ligarían con las de aquellos jóvenes doctores, clérigos, militares, que allende el océano ya comenzaban a generar los grupos que encabezarían la revolución por la independencia. 
Un hecho destacable de todo este proceso es el que San Martín había logrado ascender más rápidamente que otros cadetes y fue ganándose la estima de sus superiores en base a su profesionalismo.
En el ejército es raro que exista excesiva amistad entre los oficiales superiores y sus subalternos, en general se exacerba el orden jerárquico. Algunas condiciones especiales tenía este oficial americano que lo diferenciaban de otros. El general Francisco María Solano, marqués del Socorro y de la Solana, por ejemplo lo tuvo como su oficial de confianza y amigo al punto que se los solía ver juntos (hasta parecido físico tenían) en fiestas sociales o compartiendo la mesa. También compartían su participación en la logia masónica  “Integridad” de Cádiz.
Un hecho desgraciado marcaría a San Martín en esta época. En los momentos de alza popular contra el dominio francés el General Solano fue visto por la multitud como poco enérgico y afrancesado, lo que no respondía a la realidad pero el 29 de mayo de 1808 una muchedumbre exaltada asaltó su casa y aunque intentó escapar terminó entregándose lo que no fue respetado por la turba que lo asesinó cruelmente. San Martín intentó salvarlo pero a duras penas pudo escapar él personalmente. Este cruento suceso lo marcaría de por vida. Tal vez por ello siempre fue, un liberal moderado sin definición tajante entre la monarquía o la república y partidario de los gobiernos fuertes y ordenados, y desconfiado de las acciones de masas.
La invasión napoleónica iba a permitir mayor gloria al oficial criollo. En la carga de Arjonilla, y en Bailén, batalla en la que se desempeñó como edecán del General Antonio Malet,  marqués de Coupigny, el 19 de julio de 1808 y por su destacado comportamiento, fue ascendido a teniente coronel graduado de caballería. Posteriormente cayó enfermo y esto lo mantuvo alejado por un tiempo, lo que fue muy sentido por su general. 
En este lapso, la superioridad militar francesa comenzó a hacerse sentir con la obtención de varios triunfos importantes. La Junta Central de Sevilla jaqueada decidió trasladarse a la isla de León al amparo de la flota inglesa y delegar su poder en un Consejo de Regencia de 5 miembros a principios de 1810.
Los franceses iniciaron un prolongado sitio a Cádiz, ciudad en la que se encontraba San Martín, quien hacia 1811 decide pedir el retiro del ejército español. Destaquemos que era no solo el hombre de confianza del marqués de Coupigny en esta época sino también cofrade de este en la Logia de los Caballeros Racionales N° 3 como “maestro masón”.
América a esta altura era toda efervescencia. El liberalismo moderado o radical se expandía rápidamente y la mezcla era interesante. Españoles y americanos militarán en ambos bandos en lucha, la línea divisoria no era clara.
No acuerdo con las teoría que establece que la revolución americana fue una guerra de liberación nacional exclusivamente, en desmedro de otras teorías que sostienen que fue una guerra civil entre la España liberal y la absolutista...Entiendo que fue ambas cosas al mismo tiempo. Numerosos hechos lo ratifican. Se inició como un conflicto interno, pero concluyó como una lucha por la independencia favorecida por le cortedad de miras y la descomposición de una monarquía cobarde y mediocre. Si España hubiera comprendido la necesidad de producir una reforma política profunda e igualitaria tal vez la historia hubiera discurrido por otros canales. Lo demuestran tanto San Martín como Bolívar que en cuanto los liberales españoles tomaban el gobierno en la Madre Patria y ofrecían acuerdos estos nunca los rechazaron totalmente. Así están los pactos de Miraflores y Punchauca o los planes bolivarianos para una Confederación Hispano -  Americana.

Vientos de Independencia y Unidad

Inglaterra en pleno proceso de revolución industrial necesitaba el dominio de los mercados y entendía desde fines del siglo XVIII que la pelea  no se debía dar solo en el continente, sino también en el mar y allende el océano. Habiendo perdido sus colonias con la complicidad de España y Francia, lógico era que apoyara a veces abiertamente y las más solapadamente, todos los intentos independentistas que producto de las ideas liberales recorrían el Viejo y el Nuevo Mundo.
El Gran Oriente Escocés fue quizás la principal Logia Masónica que apoyada por los ingleses recorría Europa y América. El liberalismo político impulsado por Inglaterra no era necesariamente republicano y contribuía a sustentar las ideas más o menos independentistas de muchos americanos que recorrían el Viejo Continente. El carácter secreto de los ritos y las discusiones de la logia ayudaron a construir demasiados mitos sobre la masonería. En realidad el carácter secreto obedecía a la dura lucha que se sostenía contra las policías secretas de los regímenes absolutistas, en la cual se jugaban la posibilidad de largos años de cárcel o la vida misma. ... Por otra parte Gran Bretaña  no tenía problemas con los “conjurados” en tanto y en cuanto la conjura sirviera a su política exterior y no se le volviera en contra. En realidad los apoyos recibidos por los criollos siempre fueron más simbólicos que concretos y nunca desinteresados.
Londres fue pues el centro de la propaganda americanista e independentista. Desde allí Miranda acaudillaba la Gran Reunión Americana logia cuya sede se hallaba aparentemente en Gibraltar y desde donde se predicaba el nuevo evangelio que “regeneraría los pueblos”.En el país de este singular patriota, Venezuela, se produce la primera invitación formal a los demás pueblos de Hispanoamérica (27-4-1810) para formar la “gran confederación américo – española”. Poco más tarde Bolívar y otros diputados venezolanos plantearían concretamente similar proyecto  a Lord Wellesley en Londres. Pero Inglaterra ya estaba firmando con Fernando un tratado contra Francia que le impediría realizar públicamente esta tarea. En Chile la Junta formada también proponía algo similar el 26 de noviembre de 1810. El Plan Revolucionario de la Junta de Buenos Aires, redactado por Mariano Moreno también hablaba de la unidad del antiguo virreinato del Río de la Plata, ampliándolo incluso a Río Grande, Brasil.
San Martín se inicia probablemente hacia 1808 en estas sociedades secretas. Se trató de la logia Integridad de Cádiz ya mencionada, en la que el general Solano era venerable maestro y a partir de lo cual comenzó nuestro hombre a ocupar empleos más importantes (Patricia Pasquali). Poco después se afilió a la Logia de los Caballeros Racionales N° 3 en la que recibió el grado de maestro masón, convirtiéndose a partir de allí en el inseparable edecán del general Antonio Malet, marqués de Coupigny. Este tipo de logias también existieron en Buenos Aires desde el siglo XVIII: en 1795, una, llamada  Independencia, fundada probablemente por un grupo de franceses que obtuvieron carta constitutiva de la Gran Logia de Versalles  según algunos o de la Logia General Escocesa de Francia según otros, absorbidas en 1805 por el Gran Oriente Francés, dejando en libertad de acción a la logia local. A esta se habrían incorporado entre otros: Castelli, Hipólito Vieytes, Belgrano, Passo, Nicolás Rodríguez Peña, Donado, Chiclana que luego serían la conducción de la revolución en Buenos Aires.
Con las invasiones inglesas o seguramente con el contrabando anterior también llegaron algunas logias al Río de la Plata,  entre ellas la de los “Hijos de Hiram” o la “Estrella del Sur” con carta constitutiva de la Gran Logia de Irlanda,  a la que pertenecían Aniceto Padilla y Saturnino Rodríguez Peña que ayudaron a escapar al general inglés Beresford. También se fundó la de “San Juan de Jerusalén de la Felicidad de esta parte de América” que se reunía habitualmente en un templo ubicado en la calle de la Santísima Trinidad entre Santo Tomás y Santa María  (hoy San Martín entre Paraguay y Charcas) con carta constitutiva de la Gran Logia de Maryland. Esta fue descubierta por casualidad y la denuncia a las autoridades obligó a algunos de sus miembros a pagar algún dinero para parar el proceso. En esta participaba Gregorio Gómez,  el único amigo que se tuteaba con San Martín y al que luego, ya en el ostracismo le encomendaría la administración de sus propiedades en Buenos Aires.
El 14 de septiembre de 1811 el teniente coronel retirado se embarcó desde Cádiz para Londres con apoyo seguro de los “hermanos” y diciendo en su nota al Consejo de Regencia que se iba a trasladar a Lima. Al llegar a Inglaterra participó durante los 4 meses que allí estuvo, de las reuniones de la Gran Reunión Americana las que se realizaban en la casa de los agentes venezolanos Luis López Méndez y Andrés Bello.
Aclaremos que en estos tiempos no hay que ver a estos americanos y al propio San Martín como agentes británicos. Sucedía que Inglaterra necesitaba expandir su comercio por todo el mundo y las colonias el Nuevo Mundo eran uno de los puntos más codiciados, si se tiene en cuenta además, que lograrlo implicaba un fuerte debilitamiento del poder de los rivales europeos. Los patriotas americanos conscientes de esta contradicción entre europeos solicitaban apoyo para lograr mayores libertades y la independencia.
Las diferencias, entre aquellos que terminaron confundiendo el interesado apoyo británico y adhirieron a políticas que comprometieron  el futuro soberano de los nuevos países de la mano de la “vieja raposa”, y quienes de diversas maneras lucharon por la soberanía política y económica, estarán presente desde los primeros momentos de la revolución y costará no pocos derramamientos de sangre entre hermanos.
En el gabinete británico ya empezaba a destacarse la figura de George Canning entre los partidarios de impulsar la independencia de los países hispanoamericanos. Conociendo estos aspectos los logistas entendían que la máscara de Fernando debía caer o por lo menos que la guerra contra el absolutismo español debía ser firme sintetizándose la consigna en: “Independencia y Unidad”. (Antonio J. Pérez Amuchástegui).
Este es el motivo por el cual varios logistas entre los que se encontraban San Martín, Carlos María de Alvear, Zapiola , el Barón de Holmberg  a bordo de la fragata inglesa “George Canning” (vaya paradoja!!!) arribaron a Buenos Aires aproximadamente el 6 o 7 de marzo de 1812 para ponerse al servicio del gobierno rioplatense.
Bernardo O’Higgins otro “hermano” ya se encontraba en Chile tratando de conducir aquella rebelión cuyo principal problema eran las luchas internas entre patriotas.
 Arribados a la ciudad puerto, los “juramentados”, comenzaron a tejer las políticas para acercarse al poder y llevar adelante sus proyectos. Como primera medida se pusieron a disposición del Triunvirato.
 San Martín es comisionado a formar un cuerpo de granaderos a caballo y se le reconoce el grado militar que ostentaba.
Probablemente gracias a las relaciones de Alvear conoce a Remedios Escalada y de la Quintana, una niña  con la que se casaría, entrando de esta manera en la sociedad porteña y ganando “respetabilidad social”.
Los recién llegados sin perder un instante se dedicaron a crear una logia en el Río de la Plata que sirviera a sus propósitos. Siempre se la ha mencionado como Lautaro pero Patricia Pasquali sostiene en base a documentación recogida, que esta primer Logia se denominó de los Caballeros Racionales y que recién en 1816 cuando luego de la caída de Alvear, y en pleno Congreso de Tucumán, San Martín y Pueyrredón  con Tomás Guido, entre otros, reorganizan la Logia para sostener el Plan Sanmartiniano, la denominaron Lautaro que significaba “expedición a Chile” y no guerra a España. Los masones gustaban de utilizar este tipo de leguajes secretos y crípticos.
San Martín ya en España se impondrá como misión la independencia y unidad de las colonias americanas. Nada lo podrá distraer de su objetivo. El plan sanmartiniano consistente en una especie de estrategia de aproximación indirecta, en la que los ingleses siempre fueron especialistas, preveía la toma del reino de Chile, a través de la cordillera de los Andes para luego por mar acceder al principal centro sudamericano de poder realista, Lima. Este operativo debía combinarse con una expedición desde el norte argentino para tomar el Alto Perú, dejando a los españoles encerrados en un juego de pinzas.
Este plan se parecía mucho al sugerido por un militar escocés sir Thomas Maitland hacia 1800, al gobierno inglés. Pero en realidad esto no debe sorprendernos demasiado, ya que los ingleses tuvieron varias propuestas tendientes a independizar a las colonias españolas. La de Popham, la de Vansittart de 1796 que seguramente conocía el primer mencionado  y que coincide con las órdenes que tenía el general inglés Craufurd, quien tuvo que variarlas debido a la reconquista de Buenos Aires. Además San Martín era amigo del masón escocés James Duff que pertenecía a la logia St. Andrew N° 52 en Banff . Maitland frecuentaba la taberna de los masones a la que asistía sir James Mackintosh famoso partidario de la independencia americana y crítico de la política gubernamental de alianza con España. Pero también es cierto que la propia experiencia convenció a nuestro general de la imposibilidad de tomar el Alto Perú y el Perú por la ruta del Desaguadero. Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma y por último Sipe – Sipe así lo demostraban. El teniente coronel Enrique Paillardele también presentó el 29 de noviembre de 1813 un plan de similares características que se sumaba a otro que presentó el diputado argentino ante el gobierno de Chile, el Dr. Bernardo Vera y Pintado al Triunvirato, el 18 de abril de 1813, en similares términos. Este último pudo ver, como su propuesta empezaba a cumplirse, desde su puesto de auditor de guerra del Ejército de los Andes. Otra suerte corrió Paillardele y su hermano que disgustados con San Martín pasarían a Buenos Aires donde militarían en el alvearismo, terminando fusilados injustamente, el 2 de mayo de 1815, a la caída de esta facción.
En suma creemos que San Martín no fue el artífice absoluto del plan mencionado del que también participó el Gral. Tomás Guido, sino el genial encargado de sostenerlo e impulsarlo en el momento adecuado para llevarlo al triunfo.
Cuando mencionamos el carácter de “misión” que el misionero...o correntino, se impuso, lo hacemos porque a pesar de su permanente actitud prudente, ordenada y respetuosa de los gobiernos establecidos, en repetidas oportunidades apeló a la desobediencia para llevar adelante su proyecto. Cuando se hizo cargo del Ejército del Norte se apoderó de caudales -que debían enviarse a Buenos Aires de acuerdo a las órdenes del Director Posadas- para poner al día los sueldos de tropas desanimadas y desmoralizadas luego de las derrotas de Vilcapugio Y Ayohuma. Posteriormente se negó a destinar sus tropas a la guerra civil que se libraba en el Litoral contra los caudillos, lo que le hubiera impedido su campaña al Perú. Enterado de la caida del Directorio luego de la batalla de Cepeda, se desentendió de las autoridades rioplatenses apelando como otras veces a la renuncia. En este caso debido a la acefalía existente en el Río de la Plata, una Junta de Oficiales reunida en Rancagua (donde se encontraba el ejército) el 2 de abril de 1820 declaró por voto general: “que la autoridad que recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen que es la salud del pueblo, es inmudable.” (A. J. Pérez Amuchástegui). No solo esto, sino que además en base a esta autoridad designó a Güemes jefe del ejército de observación sobre el Perú. El 20 de agosto de ese mismo año partieron hacia Lima los libertadores.
E 1 de enero de ese mismo año,  en España el general liberal Rafael del Riego se subleva con las tropas destinadas a reprimir a la América rebelde y los liberales españoles intentaron recobrar el poder frente al absolutismo fernandista.
Existiendo una gran cantidad de oficiales liberales en América, la convulsión llegó a estas tierras y San Martín accedió a negociar la paz en base al previo reconocimiento de la independencia del Río de la Plata, Chile y Perú y la coronación de un príncipe español...estas negociaciones fracasaron por la debilidad de los reformistas cuyas tímidas medidas no llegaban al reconocimiento de la independencia de Hispanoamérica. También Bolívar según una propuesta descubierta en 1966 envió al patriota Francisco Antonio de Zea embajador de la Gran Colombia en Londres para proponer a Fernando una especie de Confederación de España y América...Se desconoce el rumbo que tomó la propuesta pero los hechos demuestran que el inservible Fernando solo tenía fuerza para aliarse a las potencias absolutistas europeas. Los hechos descriptos, vuelvo a resaltar, son según mi modo de ver, probatorios del carácter “nacional” pero al mismo tiempo “civil” que adoptaba la lucha contra España.

La Unidad de Hispanoamérica

San Martín, Bolívar, Artigas, Moreno, O’Higgins, Belgrano entre tantos otros sostuvieron de distinta manera la necesidad de la unidad de los pueblos que se liberaban de España. Sin embargo entre ellos hubo diferencias en cuanto a sus planteos, tal vez en algunos casos por las distintas realidades que les tocó vivir.
Artigas y Bolívar por ejemplo sostuvieron firmemente la necesidad de una forma republicana de gobierno y en el caso del oriental, el federalismo como condición innegociable. El caraqueño no descartaba una confederación mayor pero sostenía la grandes unidades territoriales, descreyendo del federalismo, como lo demuestra su Gran Colombia, que llegó a agrupar Venezuela, el ex virreinato de Nueva Granada y Ecuador, intentó avanzar con Perú y Alto Perú pero ya las fuerzas de los intereses económicos centrífugos unidos al condimento político de europeos y norteamericanos imponían la desunión. El caso rioplatense fue paradigmático de la cortedad de miras de las oligarquías portuarias: en el caso del Alto Perú cuando fueron consultados sobre el destino de esas provincias, Rivadavia a cargo virtualmente del gobierno contestó que las dejaba en “libertad de acción”. Bolívar calificó la actitud de “inaudita”.
Artigas en su defensa del federalismo y la independencia nacional, llegó a  constituir por breve tiempo, la Liga de los Pueblos Libres que abarcó la Banda Oriental, Corrientes y Entre Ríos y la zona de las misiones, Santa Fe, Córdoba llegando a tener alguna influencia en Cuyo. Las diferencias entre estos patriotas se minimizan cuando vemos a través de su accionar que persiguieron en todo momento la unidad de las nuevas regiones independizadas. La derrota de los tres en este proyecto se debió a múltiples factores, entre ellos la primacía de los intereses económicos de campanario, las ambiciones individuales y la cortedad de miras de muchos de los protagonistas de la época.
San Martín educado en el ejército español, y bajo la influencia del liberalismo moderado inglés, si bien afirmaba su republicanismo en algunas cartas, a la vez sostuvo firmemente que en América hacía falta un gobierno monárquico y de algún príncipe europeo. Si bien no se pronunció en contra de la solución propuesta por Belgrano y otros, de la restauración incaica, a través de sus cartas se percibe desconfianza por la misma. Veía en cambio con buenos ojos, una especie de confederación de reinos con algunas casas europeas a la cabeza, obviamente prefería las inglesas o cercanas a esta.
Mucho influyeron en estas ideas, las continuas divisiones y luchas intestinas que en plena guerra de la independencia, hicieron peligrar el triunfo final. Al comodoro Bowles, escribe claramente San Martín: “dividir la América del Sur entre las principales potencias europeas, formando tal número de reinos que se pudiera proveer con ellos a un príncipe de cada casa real” (A. J. Pérez Amuchástegui). Esta propuesta hecha en medio del avance absolutista en el Viejo Mundo y las disensiones civiles, llevaba incluida la necesidad de que Inglaterra ayudara a mantener la paz y la independencia de América del Sur. De todas maneras para él la forma de gobierno no era demasiado importante ya que hasta podía aceptar la república pero a condición que se lograra el orden, la libertad y el bienestar de los pueblos. No podemos dejar de pensar si lo observamos con una óptica actual, la ingenuidad del Libertador, pero en aquella época los estados naciones estaban en plena formación, solo recordemos que Italia y Alemania recién consiguieron la unidad nacional en la segunda mitad del siglo XIX, por lo que en este contexto se deben analizar estas propuestas.
La admiración del  general por el gobierno de Rosas, si bien se basó en gran medida en la defensa que de nuestro territorio hizo el restaurador contra la prepotencia anglo-francesa, también respondió al carácter de fuerza y orden que este le imprimió. De la mutua y cordial relación hay cartas testimoniales. Fue don Juan Manuel el primer gobernante argentino que reivindicó la acción del Libertador en nuestro país y su campaña a Chile y Perú.
Sin embargo la personalidad del general debe haber sido tan especial que dos enemigos importantes de Rosas, Alberdi y Sarmiento, también exaltaron su figura habiendo tomado contacto con él en 1843 y 1846 respectivamente.  De hecho este último recibió con un discurso sus cenizas cuando se repatriaron en 1880, y Mitre lo inmortalizó en su Historia, aunque también ella haya servido para desnaturalizarlo.

La firme voluntad independentista y de unidad de los pueblos hispanoamericanos son los dos ejes políticos que permiten que hoy el pensamiento sanmartiniano tenga vigencia. De hecho recién con la constitución del MERCOSUR se puso en marcha la mayor posibilidad de unidad sudamericana...y fue al finalizar el siglo XX!!! 



Simón Bolívar Libertador de Suramérica


La entrevista de Guayaquil

Guayaquil tiene fundamental importancia porque a partir de ella se han tejido y destejido y se seguirá haciéndolo, muchas interpretaciones. Lo cierto es que aquella entrevista significó el retiro definitivo de San Martín de América aunque no de la política ya que en Europa mantuvo una gran actividad liberal y no pocas veces tratando de interceder ante las cancillerías en favor de su Patria.
Nadie podrá tener nunca la total certeza sobre lo que conversaron a solas los libertadores. Hay sin embargo testimonios de amigos y viajeros que conocieron al general, que ofrecen versiones que permiten suponer el tenor de los temas. Tan importante como estos documentos son los hechos, las actitudes personales y políticas posteriores a la entrevista que es lo que nos puede dar un análisis más objetivo de los hechos.
De entrada digamos que ambos libertadores hablaron muy poco y si lo hicieron fue en la intimidad, sobre la entrevista de Guayaquil y en el caso de San Martín expresamente lo hace (el silencio) para no perjudicar la batalla final por la independencia de América. Temía tremendamente que su accionar pudiera ser utilizado por los enemigos de la independencia y la unidad. Guido cuenta que este, dándole las razones de su retiro del Perú renegaba de cualquier enfrentamiento que pudiera darse con Bolívar y decía: “Los despojos del triunfo, de cualquier lado que se inclinase la fortuna, los recogerían...nuestros enemigos y apareceríamos convertidos en instrumentos de pasiones mezquinas. No seré yo, mi amigo, quien deje tal legado a mi Patria.”    

Lamentablemente haciéndole poco honor a la voluntad de ambos patriotas sus seguidores, tomando como esto a algunos contemporáneos de los héroes y a historiadores modernos también, se dedicaron a generar enfrentamientos entre venezolanos y argentinos, peruanos, colombianos, etc. La estupidez no es patrimonio de pocos... Los venezolanos hablan de la renuncia y claudicación de San Martín. Los argentinos de la terrible ambición de un Bolívar inhumano frente al.....tímido?, generoso? General argentino. Este hecho al que no fue ajena la Academia Nacional de la Historia y los Institutos Sanmartinianos insisten en sacralizar a Don José y su generosidad frente al ambicioso caraqueño. 

Entrevista entre San Martín y Bolívar realizada entre los días 26 y 27 de julio de 1822 en Guayaquil

Los hechos. San Martín se encontraba en el Perú, aislado, con las Provincias Unidas del Río de la Plata en manos de Rivadavia su enemigo o adversario, un hombre solamente interesado en los intereses comerciales del puerto. Chile se debatía en enfrentamientos internos no menores y con un O’Higgins políticamente debilitado y un San Martín criticado. Simón Bolívar en cambio era un general triunfante con la república de la Gran Colombia recientemente organizada y con un importante ejército en armas. Lógico es suponer, dado que sin ambición no existiría la historia, que deseara concluir su obra liberadora. San Martín que podía ofrecer??? Su persona, combatir bajo las órdenes del venezolano...que hizo este? Rechazar la oferta porque cualquier descuidado observador político se da cuenta que dos figuras de tanto peso tienden a nuclear gente detrás de sus personas para terminar al margen de su voluntad, enfrentándose entre sí.
Esto es lo que a Castilla, a Miller, a Guido, a Alberdi, a Lafond, a Sarmiento el Libertador de alguna, manera les transmitió. Es probablemente cierta aquella frase de “Bolívar y yo no cabemos en el Perú”. Como también quizás lo sea la carta al caraqueño del 29 de agosto de 1822 que Lafond dio a conocer en 1843. ¿Y qué? como dicen los niños. No es entendible acaso que San Martín asumiera su retiro para no poner palos en la rueda pero al mismo tiempo le hiciera saber a Bolívar su contrariedad,  juramentándose hacer silencio, cosa que cumplió ampliamente? Solo quienes interesados en las pequeñas rencillas e intereses de campanario decidieron deformar la voluntad de los héroes, se dedicaron consciente o inconscientemente a  deformar su voluntad y transformar a Guayaquil en el símbolo de la impotencia latinoamericana.
Guido íntimo amigo del libertador nunca tuvo sino elogios para con Bolívar y en casa de Grand Bourg, como lo atestigua entre otros Sarmiento se encontraba el retrato del venezolano que poco antes de morir, al ver la disolución de su gran Colombia y el asesinato de Sucre exclamaba “Yo repito. Todo está perdido.”
San Martín se retiró del Perú porque sus profundas convicciones hispanoamericanistas no le permitían siquiera correr el riesgo de participar de una guerra civil. En realidad la política "porteñista" lo había abandonado a su suerte y esto fue porfiadamente ocultado durante años por una historiografía deformante.
No pocas veces fue tentado para asumir el gobierno y encabezar alguna de las facciones en pugna con posterioridad a su retiro, pero sistemáticamente lo rechazó. Una muestra de la firme personalidad del exiliado de Grand Bourg es cuando, desaprobando algunos crímenes que el régimen rosista consentía, sin embargo aclaraba: “A pesar de esto yo no aprobaré jamás el que ningún hijo del país se una a una nación extranjera para humillar a su Patria” en referencia a los unitarios que se unían a quienes bloqueaban nuestros ríos.
Tal vez como síntesis se podría recordar que nunca aceptó tener partido y por ello para no derramar sangre americana rechazó las propuestas de gobernar por la fuerza. En cierta forma simpatizaba parcialmente con la autoridad de un Rosas pero nunca aceptó llevar adelante esa tarea. Los pequeños conspiradores  permanentemente hicieron correr rumores que lo involucraban en enjuagues e intrigas aun estando en Europa, lo que lo deprimió siempre.
En los países que liberó lo llamaron ladrón o dictador cornudo opiómano y otros epítetos. Solo poco antes de morir llegó en Perú y Chile la reivindicación que justamente merecía. Rosas por primera vez lo reivindicó, en la Confederación Argentina, agradeciendo su apoyo durante los bloqueos, sin embargo nunca lo instó a volver al país. 
Tal vez y en honor a la profunda convicción patriótica de San Martín sea importante concluir con las palabras que pronunció Sarmiento, cuando frente a  las reliquias repatriadas del Libertador, el 28 de mayo de 1880 exhortaba a los argentinos “Que otra generación, que en pos de nosotros venga, no se reúna un día en este mismo muelle a recibir los restos de los profetas, de los salvadores que nos fueron preparados por el genio de la Patria y habremos enviado al  ostracismo, el desaliento y la desesperación.” 

Lic. Enzo Alberto Regali 
Córdoba julio de 2014.


Escrito de la conferencia realizada el viernes 25 de julio en la Casa de la Cultura de Villa Allende por la Comisión Vecinal Nogal Histórico y la Municipalidad de Villa Allende 




 
    
  


 
 
          

  

   

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